martes, 25 de marzo de 2014

Blanco y Negro

Confieso, sin pena alguna, que lloré la muerte de mi hermano Ángel César.

Independientemente de que para mí, fue el mejor gobernador, fue un ser extraordinario.

Tuve el privilegio de conocerlo como pre-candidato a la gubernatura.

Viví su campaña. Compartí sus ideales y sus anhelos. Fui testigo de su cercanía con la gente.

Durante su gobierno, lo vi ejercer el poder con sencillez, con un profundo sentido del honor y del servicio de los demás.

Me tocó vivir las angustias del ciclón Lisa y la alegría de ver surgir la Universidad.

Cuando murió don Pancho King, que era su hermano, me heredo la hermandad.

Desde entonces fuimos amigos y seguiremos siendo amigos hasta la eternidad.


Descansa en paz, mi querido hermano Ángel César. Dios lo tenga en su gloria.

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