jueves, 27 de marzo de 2014

Política en su Tinta

Del Papa a periodistas

No todo en esta vida es política, como ya hemos dicho en otras ocasiones. También el alma y el espíritu merecen atención. El siguiente texto es una fracción del mensaje que el Papa Francisco dirigió a un grupo de periodistas, en el Vaticano, en fecha reciente. Leamos: “Agradezco mucho esto que ha dicho, y les agradezco por el trabajo que hacen. Aquella verdad... buscar la verdad con los medios. Pero no sólo la verdad, ¿eh? Verdad, bondad y belleza, las tres juntas. Vuestro trabajo debe desarrollarse en estas tres vías: la vía de la verdad, la vía de la bondad y la vía de la belleza. Pero, aquella verdad, bondad y belleza que son consistentes, ¿eh? Que vienen de dentro, que son humanas. Y, en el camino de la verdad, en las tres vías podemos encontrar fallos, también trampas. “Pero, yo pienso, busco la verdad...”: pero estate atento ¿eh? No te conviertas en un intelectual sin inteligencia. 

“Pero, yo voy, busco la bondad...”: pero estate atento, no te conviertas en un fanático de la ética sin bondad. “A mí me gusta la belleza”: si, pero está atento, no hagas eso que se hace tanto, ¿no? Maquillar la belleza, buscar los cosméticos para hacer una belleza artificial que no existe. La verdad, la bondad, y la belleza como vienen de Dios, y están en el hombre. Y esto es el trabajo de los medios, el suyo. Usted ha mencionado dos cosas: yo querría retomarlas. Primero de todo, la unidad armónica de su trabajo. Pero, hay medios grandes, otros más pequeños... Pero si nosotros leemos el capítulo XII de la Carta de San Pablo a los Corintios, vemos que en la Iglesia no hay ni grande ni pequeño: cada uno tiene su función, su ayuda al otro, la mano no puede existir sin la cabeza... Todos somos miembros, y también vuestros medios, que sean más grandes o más pequeños, son miembros y armonizan la vocación del servicio en la Iglesia. Ninguno debe sentirse pequeño, muy pequeño respecto a otro más grande. Todos pequeños delante de Dios, en la humildad cristiana, pero todos tenemos una función. ¡Todos, todo! Como en la Iglesia... Yo haría esta pregunta: ¿Quién es más importante en la Iglesia: El Papa o aquella viejecita que todos los días reza el Rosario por la Iglesia? Que lo diga Dios: Yo no puedo decirlo. La importancia de cada uno es esta armonía, porque la Iglesia es la armonía de la diversidad. El cuerpo de Cristo es esta armonía de la diversidad, y aquello que hace la armonía es el Espíritu Santo: eso es lo más importante de todo. Esto y lo otro que usted ha dicho: yo lo quiero subrayar. Es importante: buscar la unidad, y no seguir la lógica que el pez grande se come al pequeño.

Se habla en el Consejo pastoral, tan importantes son los Consejos pastorales, una parroquia – y en esto cito el Código Canónico – una parroquia que no tenga Consejo pastoral y Consejo de los asuntos económicos no es una buena parroquia: falta la vida. Luego, son tantas las virtudes. Lo indiqué al comienzo: ir por el camino de la bondad, de la verdad y de la belleza y son tantas virtudes en estos caminos. Pero también hay pecados de los medios, ¿eh? Me permito hablar un poco de esto, ¿no? Para mí, los pecados de los medios de comunicación, los más grandes, son los que van por el camino de la mentira, de la falsedad, y son tres: la desinformación, la calumnia y la difamación.

Estas dos últimas son graves, ¿eh? pero no tan peligrosas como la primera. ¿Por qué? Les explico. La calumnia es pecado mortal, pero se puede aclarar y llegar a conocer que aquella es una calumnia. La difamación es pecado mortal, pero se puede llegar a decir: “pero esta es una injusticia porque esta persona ha hecho aquello en aquel tiempo, después se ha arrepentido, ha cambiado de vida”. Pero la desinformación es decir la mitad de las cosas, las que son para mí más convenientes y no decir la otra mitad. Es así, de lo que se ve en la televisión o aquello que se escucha en la radio no se puede dar un juicio perfecto, porque no se tiene los elementos y no se los dan. De estos tres pecados, por favor, huyan. Desinformación, calumnia y difamación.
Les agradezco por lo que hacen y le he dicho a mons. Sanchirico que les entregue el discurso que tenía escrito: pero sus palabras me han inspirado a decirles esto espontáneamente y lo he dicho con un lenguaje del corazón: les agradezco tanto, y ahora los invito a rezar un Ave María a la Virgen para darles la bendición…

Hasta el lunes. Dios los bendiga a todos.

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