La virgen morena nos hizo el
milagro: México no perdió con Brasil ayer, en el mundial de fútbol.
Durante más de 90 minutos los mexicanos olvidamos que nos suben la
gasolina cada vez que les da la gana.
Olvidamos que nos tienen agarrado
del gogote por tanto trámite burocrático para el pago de impuestos.
Nadie se acordó de crímenes, asaltos, robos, ni secuestros. México fue,
durante ese tiempo, el país perfecto.
El canto de Cielito Lindo y el
grito de ¡si se puede!, alentó a los jugadores que pasaron de la mediocridad a
la excelsitud.
El empate sin goles nos (aquí si me incluyo) nos supo a gloria. Que
hermoso se siente hacer un papel tan digno.
En la tele se vieron rostros
exaltados, casi a punto de desmayo, por la victoria mexicana.
Si México juega así su siguiente encuentro, las patas mexicanas (los
pies) de los jugadores aztecas, se habrán cubierto de gloria.
Y por ahora basta de fútbol y hablemos de cosas serias.
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