Decía, recientemente, que
agradezco a Dios que me haya dado la oportunidad de celebrar el tercer aniversario
de mi nieto Carlos Andrés.
El 11 de septiembre, nuestra familia se congratuló con la llegada de
este bello y hermoso niño.
Ha sido maravilloso verlo crecer,
vivir intensamente su proceso de crecimiento y cultivar en su corazón el amor a
la familia.
Desde sus primeros gateos, sus primeros pasos, sus primeras palabras,
hasta el alto grado de conversación que ahora sostiene con sus abuelos y su
madre.
Es una muy grata sensación de
felicidad verlo sano, verlo feliz, sentir cómo se integra a la familia que
tanto lo ama.
Dije el año pasado, cuando cumplió dos años, que Carlos Andrés se
convirtió en una de las razones más importantes para vivir.
Lo repito ahora y lo repetiré
hasta que Dios me lo permita: es un aliciente para continuar viviendo y, al
mismo tiempo, amando a este ser maravilloso.
Gracias, señor, por esta gracia que me has concedido y confío en que sobreviviré
hasta que cumpla 4.
A mi hija Tania le agradezco que
haya procreado a un niño tan hermoso, tan cariñoso, tan tierno y dulce como
Carlos Andrés, mi razón de vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario