martes, 21 de octubre de 2014

Blanco y Negro

Les contaré una anécdota que me sucedió en Mochis, cuando era secretario particular del presidente municipal.

Por grillero habían despedido al secretario general, un profesor de apellido Preciado.

“Mira Raúl –me dijo el alcalde- es tú problema que ese señor no vuelva a pisar mi oficina nunca”.

Cuantas veces lo intentaba, yo inventaba toda clase de historias para evitar que el alcalde se enfrentara con el profe.

Pero un día estaba yo distraído y el maestro entró a la oficina del alcalde, por mi oficina, que estaba adjunta a la del presidente.

Preocupado, casi corrí a ver si podía detener al maestro, pero cuando llegué el presidente le estaba abriendo los brazos y le decía: “mi querido maestro, ¿por qué no habías venido?

Lo intenté varias veces –le dijo- pero Raúl me decía que estabas muy ocupado.

El alcalde me miró con odio y me dijo: “qué pasó Raúl. Tanto que te encomendé a mi maestro”.


Así son ellos los políticos. Son un mal necesario, igual que los secretarios particulares.

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