Es extraordinaria la manera en que se
transforma un político mexicano. El Peje, por ejemplo. Todo un caso.
Del hombre feroz,
corrosivo, autoritario, rencoroso, corajudo, que fue en el 2006, se convirtió en
un hombre tierno y amoroso.
Aquel que quería mandar al diablo a las
instituciones, de pronto se transformo en una hermanita de la caridad, que promovió
el amor hacia los demás.
Perdono a los que, según
él, le había robado la presidencia, les tendió la mano y los invito a formar “una
república amorosa”.
Y ahora, que otra vez percibe que podría perder
la elección constitucional, vuelve a endurecer el tono y la actitud.
Primero fue el lobo
feroz, luego caperucita. Y ahora, de caperucita pasa a lobo feroz otra vez.
Narciso fue noticia ayer: fue detenido, por
peculado, en Monterrey. Seguramente se le olvidaron los amparos y se vencieron.
Dicen que Pancho
Pelayo es la voz clon de su tío el gobernador Marcos Covarrubias Y hay quienes
aseguran que pudiera pasar por el propio gobernador.
Que es cuestión de que le pongan canas y un
bigote.

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